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sábado, 19 de enero de 2008

Morir para renacer.

"Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír".

En la primavera todo renace. El sol brilla con más fuerza, las plantas florecen, los animales se multiplican, es una época de disfrutar el clima, la vista, los olores, los sabores.
Pero para llegar a este punto primaveral, tuvieron que pasar su ciclo de verano, con calurosos y ardientes días. Donde todo se echa a perder, aunque también hay muchos beneficios. El Otoño, donde todo cambia y empieza un proceso de "guardar para", y finalmente el invierno, frío, inclemente con la fuerza de los grados bajo cero, aunque es un excelente pretexto para buscar un abrazo.
Así como todo depende de un proceso para evolucionar, hay también que saber que para tener un renacimiento, hay que morir. Y no en el sentido estricto de la palabra, sino del morir, eliminar, corta de tajo cosas que no necesitamos en la vida.

El día 31 de diciembre de 2007, en mi primera salida después de que me dio varicela, salí con mi cuñada y mi mamá. En una de las paradas ese día fue a saludar a Marisela Rangel. Ahí me hizo la invitación a un curso. Muy bien, lo pensaré, dije entre mi.
Pero estos 18 primeros días de enero fueron muy fuertes en cuestión de no sentir y no tener un control de mis emociones, de mis decretos, de el rumbo que quiero darle a mi vida.
Estaba teniendo síntomas de depresión y apatía. Me asuste. No puede ser que me hunda en la tristeza.
Hoy fui al curso de Marisela. Desde el corazón, es el nombre de este. Sanando tu ser, tu entorno,prosperidad y abundancia.La unidad con el todo.
Lloré. Lloré como Magdalena todo el día. Lloré lo que tendría que llorar todo el año.

Fue un día hermoso. Entré con una piedra pesada como el Pípila, y salí liviana como una pluma.
Todo aquello que te crea angustia, tristeza, miedo. Desechado. Dios no te da piedras cuando lo que necesitas es pan. Eso lo tengo bien claro.
Conocí a 11 extraordinarias personas con las que compartí buenos deseos, amor, gozo, alegría. Pero sin conocerlos, me tendieron la mano y me dieron un fuerte abrazo en los momentos cuando mas lo necesite.
Contarles escuetamente lo que viví en el curso no es señal de las palabras me quedaran cortas. Me encantaría que ustedes lo vivieran. En el curso morimos a todo eso que no necesitamos cargar en la vida, y le dimos la bienvenida a una nueva vida, con otra perspectiva para afrontarla.
Al final 3 obsequios del corazón: Concentración, gozo y el más importante, Descanso divino.
Dejarlo en manos de Dios, porque ya no está en ti.
Muchas Gracias Marisela por brindarme un día tan especial, a tu hermana Araceli y a mi cuñada Rosario, por ser el puente de unión para llevarme hacía ellas.

"Las vicisitudes de la vida nos hacen avanzar"

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